La música del siglo XX está marcada por los importantes cambios tecnológicos asociados al registro, procesamiento y distribución del sonido, que afectarán profundamente la producción musical y sacudirán los ecosistemas sociales y culturales implicados. Una revolución de consecuencias tan profundas como las que tuvo en su día la adopción de la notación musical, y que diluirá el protagonismo del «compositor» en beneficio de otros actores, como el «intérprete» (especialmente, el intérprete-improvisador) o el soporte (fonográfico, radiodifusión, cine sonoro, televisión, etc.).
Dividiremos esta revolución en dos etapas: a lo largo de esta unidad trataremos la primera revolución del sonido, relacionada con la globalización de las tradiciones musicales locales y el nacimiento de un mercado masivo a través de tecnologías como el disco, la radio, el cine sonoro o la televisión. La segunda revolución del sonido, relacionada con la aplicación de las nuevas tecnologías a la producción musical a través de la electrificación, la edición o la síntesis sonora por medios analógicos o digitales, será abordada en la Unidad 33 .
La revolución del sonido y la cultura musical de masas

La invención del fonógrafo por Thomas Edison (1877) y del gramófono por Emile Berliner (1887) sentó las bases de una industria fonográfica que experimentó un crecimiento espectacular durante las primeras décadas del siglo XX. Entre sus primeras estrellas figuraron cantantes líricos como el tenor Enrico Caruso, que realizó numerosas grabaciones entre 1902 y 1920, pero también comenzaron a comercializarse músicas hasta entonces circunscritas a ámbitos locales o regionales, como el flamenco, cuyos primeros registros datan de finales del siglo XIX, o el jazz, grabado comercialmente desde 1917.
La canción popular, desarrollada durante el siglo XIX gracias al mercado de la música impresa y a los espectáculos de cabaré, music-hall, café cantante y otros locales de ocio urbano (ver Unidad 20), fue una de las grandes beneficiarias de estos cambios. Su expansión se apoyó también en el fortalecimiento de los derechos de autor y las sociedades encargadas de gestionarlos, como la Sociedad de Autores Españoles (1899), antecedente de la actual SGAE. La industria editorial, el disco, la radio y el cine convirtieron la canción en uno de los formatos privilegiados de la nueva cultura musical de masas.
La radio y el cine sonoro canalizaron buena parte de los nuevos formatos musicales. Tras experiencias pioneras como las retransmisiones experimentales desde el Metropolitan Opera House de Nueva York (1910), la radiodifusión regular alcanzó su edad de oro a partir de 1920 y se convirtió en una de las principales formas de entretenimiento doméstico. Su programación, de carácter generalista, combinó noticias, radioteatro, programas de variedades, concursos de talentos y música, con un importante protagonismo de las actuaciones en directo, las orquestas de baile y las estrellas de la canción. Aunque también se utilizaron discos y otros sistemas de reproducción, las emisiones musicales en vivo conservaron un papel destacado hasta la generalización de la grabación magnetofónica después de la Segunda Guerra Mundial.
Por su parte, el éxito de El cantor de jazz (1927), protagonizada por Al Jolson, impulsó la implantación del cine sonoro y abrió nuevas posibilidades para la difusión internacional de la música popular y encontró pronto en el género musical uno de sus principales filones, y se reveló como un eficacísimo medio de promoción para el nuevo star-system de cantantes (o cantantes-bailarines) como Fred Astaire y Judy Garland en los EEUU o Imperio Argentina y Concha Piquer en España.
Las canciones de principios del siglo XX conservaron a menudo los rasgos nacionales y los códigos expresivos del teatro musical de sus respectivos países, incluyendo pequeñas situaciones dramáticas condensadas en unos pocos minutos. Pero los nuevos medios también condicionaron su evolución: la duración habitual de los discos de 78 rpm favoreció canciones de unos tres o cuatro minutos, mientras que las mejoras del micrófono y de la grabación eléctrica, desde mediados de los años veinte, permitieron desarrollar una emisión vocal más natural y cercana, alejada de las exigencias de proyección de la voz teatral.
La expansión de la canción y la aparición de un nuevo star system provocaron una profunda transformación de las jerarquías sociomusicales, otorgando al intérprete un protagonismo público que a menudo eclipsó al compositor. Mientras que la fama de este último seguía ligada principalmente a sus obras y partituras, el disco, la radio y el cine difundieron masivamente las voces, las imágenes y las personalidades de los cantantes.
Esta nueva cultura musical favoreció también un concepto más flexible y abierto de obra: tonalidad, estructura, instrumentación y arreglos podían adaptarse a las características de cada intérprete, de modo que una misma canción adquiría identidades muy distintas según quién la interpretara. La canción popular se situaba así en un terreno intermedio entre la composición escrita y la tradición oral, en el que la interpretación adquirió una importancia decisiva.
Del teatro musical a la canción popular
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la canción encontró un importante espacio de desarrollo en una amplia variedad de espectáculos escénicos populares. Junto a la opereta, proliferaron los espectáculos de variedades, el music hall, el burlesque, el cabaret o el cuplé. El erotismo, la sátira de costumbres y la transgresión de las convenciones morales, presentes ya en la opereta de Jacques Offenbach, encontraron en estos nuevos circuitos formas de expresión adaptadas a la cultura urbana contemporánea.
El musical estadounidense surgió de la confluencia de la opereta europea, el vaudeville, la revista y otras tradiciones escénicas. Durante las décadas de 1920 y 1930, Broadway se convirtió en una extraordinaria factoría de canciones gracias a compositores como Irving Berlin, Cole Porter, George Gershwin o Richard Rodgers. Muchas de sus canciones se independizaron de los espectáculos para los que habían sido creadas y pasaron a circular a través del disco, la radio y el cine, integrándose además en el Great American Songbook y en el repertorio del jazz.
Un proceso semejante se produjo en otros circuitos escénicos. El cabaret y el music hall franceses alimentaron una tradición de canción centrada cada vez más en la personalidad del intérprete. Con el desarrollo del disco y la radio, figuras como Édith Piaf pudieron trascender aquellos espacios y convertirse en estrellas internacionales. La canción se consolidaba así como un género autónomo de la nueva cultura de masas, capaz de sobrevivir al espectáculo escénico del que procedía y de circular por medios muy distintos.
Del can-can al cuplé y el cabaret, la música popular escénica exploró el erotismo y la transgresión de las convenciones sexuales. Figuras como La Fornarina y Marlene Dietrich, junto con obras como La corte de Faraón, ilustran esta evolución.
LEER MÁS →Los grandes éxitos de Broadway trascendieron los escenarios y pasaron al repertorio de numerosos cantantes y músicos de jazz. Muchos de ellos forman parte del Great American Songbook, uno de los grandes legados de la canción estadounidense del siglo XX.
LEER MÁS →Surgida de los circuitos parisinos del cabaret y el music hall, Piaf alcanzó una proyección internacional gracias al disco, la radio y los grandes escenarios. Su trayectoria ilustra el paso de la canción escénica a una cultura de masas centrada en la personalidad del intérprete.
La música popular americana como fenómeno global

Durante las primeras décadas del siglo XX, el continente americano se convirtió en uno de los principales focos de renovación de la música popular internacional. Esta transformación tuvo una de sus manifestaciones más visibles en la revolución de los bailes de sociedad, que desplazó progresivamente el protagonismo de las danzas europeas decimonónicas —vals, polca, mazurca— en favor de nuevos ritmos procedentes de Estados Unidos y Latinoamérica. La expansión de estas músicas, impulsada por las industrias del espectáculo, el disco y la radio, contribuyó a transformar las costumbres urbanas y las formas de sociabilidad en buena parte del mundo.
La nueva cultura del baile comenzó a imponerse incluso antes de la Primera Guerra Mundial, con la llegada a Europa del cakewalk estadounidense, el maxixe brasileño y el tango rioplatense. Durante los años veinte se difundieron el one-step, el foxtrot y el charlestón, mientras que en los treinta alcanzaron gran popularidad el swing y los bailes afrocaribeños comercializados bajo la denominación de «rumba». Más allá de sus diferencias musicales, estas modas compartieron su asociación con la modernidad, la libertad corporal y las nuevas costumbres sociales, despertando tanto entusiasmo como rechazo entre los sectores más conservadores.
La penetración de los bailes americanos en Europa se produjo inicialmente a través de artistas y orquestas itinerantes, teatros de variedades, academias de baile y establecimientos de ocio frecuentados por las clases acomodadas. París desempeñó un papel fundamental en la difusión internacional del tango, que desató una auténtica fiebre hacia 1913. Tras la guerra, los salones de baile de los grandes hoteles europeos se convirtieron en escaparates de las nuevas tendencias. El Hotel Savoy de Londres, cuyas orquestas —los Savoy Orpheans y la Savoy Havana Band— comenzaron a retransmitirse regularmente por la BBC en 1923, ilustra cómo la radio permitió convertir un entretenimiento inicialmente elitista en una experiencia musical compartida por millones de oyentes.
Estados Unidos ejerció una influencia decisiva a través de sus orquestas de baile, sus espectáculos musicales y su poderosa industria fonográfica. Buena parte de la música identificada comercialmente como «jazz» durante los años veinte consistía en música de baile cuidadosamente arreglada, destinada a interpretar foxtrots, one-steps y canciones de moda, aunque también incorporaba elementos de improvisación. Esta expansión estuvo condicionada por los prejuicios raciales de la sociedad estadounidense: mientras las innovaciones de los músicos afroestadounidenses alimentaban las nuevas modas, las grandes compañías y los circuitos de espectáculo favorecieron frecuentemente a orquestas blancas, que alcanzaron una visibilidad comercial desproporcionada.
En Argentina y Uruguay, el tango había surgido a finales del siglo XIX en ambientes urbanos caracterizados por una intensa mezcla de tradiciones musicales europeas, africanas y americanas. Su éxito en París y otras capitales europeas contribuyó a convertirlo en un baile internacional, mientras que el desarrollo de las orquestas típicas, con sus características secciones de bandoneones y violines, consolidó un lenguaje instrumental propio. Paralelamente, el tango-canción alcanzó una extraordinaria proyección gracias al disco, la radio y el cine sonoro, especialmente a través de Carlos Gardel, convertido en una de las primeras grandes estrellas internacionales de la canción latinoamericana.
Cuba constituyó otro foco decisivo de renovación gracias a la extraordinaria riqueza de sus tradiciones musicales afrocaribeñas. Durante los años veinte, el son cubano alcanzó una creciente popularidad junto a géneros como el danzón y el bolero, proyectándose posteriormente hacia Estados Unidos y Europa. Un hito fundamental fue el éxito internacional de «El manisero», de Moisés Simons, grabado en Nueva York en 1930 por la orquesta de Don Azpiazú. Su comercialización contribuyó a desencadenar la fiebre internacional de la rumba, denominación que la industria discográfica y los salones de baile aplicaron a diversos ritmos cubanos, adaptados a las convenciones del baile internacional.
En Brasil, el maxixe había alcanzado cierta difusión internacional desde comienzos de siglo, pero fue la samba la que acabó convirtiéndose en el principal emblema de la música popular nacional. Surgida de tradiciones afrobrasileñas y desarrollada en los ambientes populares de Río de Janeiro, su expansión a través del carnaval, el disco, la radio y el cine favoreció su transformación en símbolo de identidad brasileña. La cantante Carmen Miranda desempeñó un papel fundamental en este proceso y, desde su llegada a Estados Unidos en 1939, contribuyó a internacionalizar el género, aunque mediante una imagen tropical estereotipada que respondió en buena medida a las expectativas de Hollywood.
Por su parte, México adquirió una posición central en la circulación internacional de la canción popular, especialmente gracias al desarrollo de la radio y el cine sonoro. La inauguración de la emisora XEW en 1930 y el auge del cine musical favorecieron la difusión de repertorios como la canción ranchera y el bolero, este último de origen cubano, que alcanzó en México un desarrollo extraordinario. Compositores e intérpretes como Agustín Lara y María Grever contribuyeron a consolidar una industria musical de alcance continental, reforzada desde mediados de los años treinta por el éxito del cine mexicano.
La canción popular y el nuevo star system
El disco, la radio, el cine sonoro y el micrófono transformaron la canción popular durante las décadas de 1920 y 1930. Las nuevas técnicas de grabación favorecieron una forma de cantar más íntima y matizada, mientras los medios de masas consagraban una nueva generación de ídolos internacionales. El argentino Carlos Gardel, figura decisiva del tango-canción, fue uno de los primeros grandes representantes de este nuevo star system.
En España, el cuplé había triunfado desde finales del siglo XIX en los espectáculos de variedades, gracias en buena medida al erotismo, el doble sentido y la sicalipsis. Durante las décadas siguientes, la confluencia de la canción escénica, la zarzuela, la canción andaluza y elementos del flamenco favoreció la consolidación de la copla, que alcanzó una enorme difusión gracias al disco, la radio y el cine, especialmente durante la posguerra.
En Latinoamérica, los nuevos medios convirtieron también repertorios locales y nacionales en fenómenos de circulación internacional. El tango argentino, el son y la rumba cubanos, el bolero mexicano o el samba brasileño alcanzaron públicos cada vez más amplios a través del disco, la radio y el cine. La incorporación de estas músicas a la industria cinematográfica estadounidense amplificó todavía más su difusión, aunque a menudo las transformó en representaciones estilizadas o estereotipadas de la identidad latinoamericana.
Compuesto por Gardel con letra de Alfredo Le Pera para la película Tango Bar, este tango ilustra la proyección internacional alcanzada por el cantante gracias al disco y el cine sonoro.
LEER MÁS →Heredera de diversas tradiciones escénicas y estrechamente vinculada al imaginario andaluz, la copla convirtió la canción en un pequeño drama musical, alcanzando una extraordinaria popularidad gracias al disco, la radio y el cine.
Convertida en emblema internacional de la canción brasileña, esta interpretación del célebre samba de Ary Barroso por Carmen Miranda en The Gang’s All Here [1943] ejemplifica la transformación del samba en espectáculo hollywoodiense.
El jazz y el arte de la improvisación

Entre las músicas populares americanas difundidas por los nuevos medios de comunicación, el jazz ocupa un lugar singular por su extraordinaria proyección internacional, su influencia sobre la música popular del siglo XX y, especialmente, por el protagonismo concedido a la improvisación. En este caso, el disco no fue solo un medio de difusión, sino también un instrumento decisivo para la evolución del lenguaje musical: permitió conservar, estudiar e imitar interpretaciones que, por su naturaleza improvisatoria, no podían transmitirse adecuadamente mediante partituras. El aprendizaje a través de las grabaciones se convirtió así en uno de los fundamentos de una nueva tradición aural, basada en la escucha y la transmisión directa entre músicos.
El jazz surgió en Nueva Orleans en torno al cambio de siglo, a partir de la confluencia de diversas tradiciones musicales —bandas de metales, ragtime, blues, espirituales y músicas de baile—, protagonizada especialmente por músicos afroestadounidenses y criollos de color. Durante los años veinte se extendió a ciudades como Chicago y Nueva York, donde figuras como Louis Armstrong y Sidney Bechet contribuyeron a consolidar la improvisación solista como uno de sus principales rasgos distintivos. Su influencia se amplió durante los años treinta gracias al éxito comercial del swing, convertido en una de las músicas de baile más populares de Estados Unidos.
Sin embargo, la centralidad del jazz en la cultura popular de las décadas de 1920-1940 resulta equívoca debido a la polisemia del término. La llamada «era del jazz» englobó una amplia constelación de músicas populares estadounidenses caracterizadas por los ritmos sincopados y, posteriormente, el swing. Muchas estaban destinadas principalmente al baile y se basaban en arreglos escritos, con escaso espacio para la improvisación o limitada influencia del blues. Estas músicas comerciales, frecuentemente identificadas con el jazz por el público europeo, fueron adoptadas también por numerosos compositores como símbolos de modernidad y exotismo cultural.
La distinción entre el jazz improvisado y las orquestas comerciales de baile nunca fue, sin embargo, absoluta. Formaciones como las de Fletcher Henderson, Duke Ellington o Benny Goodman combinaron arreglos cuidadosamente elaborados con destacados solistas improvisadores. Tampoco debe olvidarse el sesgo racial de la industria musical estadounidense, que favoreció la proyección comercial de numerosas orquestas blancas, mientras muchos de los músicos afroestadounidenses responsables de las principales innovaciones encontraron mayores dificultades para acceder a los grandes mercados.
Durante los años cuarenta, el jazz experimentó una profunda transformación con el desarrollo del bebop, impulsado por músicos como Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Thelonious Monk. Frente a los estereotipos de la música de baile, estos artistas reivindicaron una mayor autonomía artística, basada en el virtuosismo improvisatorio, la complejidad armónica y la experimentación rítmica. Esta evolución tuvo también una importante dimensión de afirmación cultural afroestadounidense, al reclamar para sus intérpretes el reconocimiento reservado tradicionalmente a los compositores de música culta. Junto al cultivo de estándares de la música popular, cuyas estructuras armónicas sirvieron de base para nuevos temas, desarrollaron abundantes composiciones propias. El jazz inició así una etapa en la que su consideración como música destinada prioritariamente a la escucha, y no simplemente al baile, adquirió una importancia creciente.
Tres momentos del jazz: de Nueva Orleans al bebop
La historia del jazz suele organizarse en una sucesión de períodos estilísticos —para sus desarrollos posteriores, véase la Unidad 33—. El primer jazz surgió en Nueva Orleans a comienzos del siglo XX, a partir de tradiciones afroestadounidenses como el blues y el ragtime, las bandas de metales y otras músicas populares. Durante los años veinte se difundió por Chicago y Nueva York gracias a músicos como Louis Armstrong y Sidney Bechet. La improvisación colectiva, protagonizada por trompeta, clarinete y trombón, caracterizó este lenguaje, posteriormente recreado también bajo la denominación de dixieland. Armstrong impulsó además el creciente protagonismo del solista improvisador.
La era del swing, cuyo apogeo se produjo durante las décadas de 1930 y 1940, estuvo dominada por las grandes orquestas o big bands. Formaciones como las de Duke Ellington y Count Basie desarrollaron estilos personales, mientras las de Benny Goodman o Glenn Miller alcanzaron una enorme popularidad. También sobresalieron cantantes como Billie Holiday y Ella Fitzgerald, mientras el creciente protagonismo comercial de la canción favoreció el ascenso de estrellas como Frank Sinatra y Nat King Cole.
El jazz moderno comenzó a desarrollarse durante los años cuarenta con el bebop o bop. Cultivado principalmente por pequeños conjuntos y menos orientado al baile, convirtió la improvisación en un terreno de extraordinario virtuosismo y experimentación armónica y rítmica. Músicos como Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Thelonious Monk establecieron un nuevo lenguaje que serviría de referencia para buena parte del jazz posterior.
Recorrido por los primeros estilos del jazz, desde la improvisación colectiva de Nueva Orleans hasta su expansión por Chicago y Nueva York, donde músicos como Louis Armstrong impulsaron el protagonismo del solista improvisador.
Las grandes orquestas o big bands combinaron arreglos escritos, improvisación solista y ritmos bailables, convirtiendo el swing en uno de los grandes fenómenos de masas de los años treinta y cuarenta.
LEER MÁS →El bebop sentó las bases del jazz moderno. Durante los años cincuenta, su legado se diversificó en corrientes como el cool jazz, el hard bop y el jazz modal.
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Hola, no puedo decir que soy neófito de la música pues suena desde siempre pero si debo decir que a pesar de esa presencia impresa en lo cotidiano soy un ignorante de los buenos, gracias por la educación
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Que curioso, no sabía que Strauss uso melodía del «Foniculí foniculá» y que fue demandado por ello y condenado a pagar derechos de autor! Ni tampoco que la «Tarantella» fue transcrita por Liszt en una de sus obras.
Me ha llamado la atención el desplazamiento del reconocimiento del compositor a favor del artista-intérprete. Situación inevitable por la aparición de los medios de masas. ¿Quizá fue este el momento en el que comenzó la «industrialización» de la música y a verse más como un negocio lucrativo en vez de arte? Por supuesto siempre detrás de un esfuerzo y un trabajo uno puede tener expectativas económicas, pero mi impresión es que en los últimos tiempos se ha intercambiado el negocio por el arte. Y hoy en día creo que ha supuesto un declive en la música más popular y más escuchada en lo referente a creatividad artística (se ha avanzado muchísimo en tecnología y en calidad de sonido, eso sí). Por supuesto siempre hay excepciones y hay al menos un público más minoritario interesado por el arte, que para entenderlo hay que invertir mas tiempo que dinero.
Me ha gustado mucho el apartado «El Jazz y el arte de la improvisación». Ciertamente lo que lo distingue de las músicas populares de la época es que es música no para bailarla, sino para escucharla, y que usa la improvisación como máxima expresión del artista.
La primera gran revolución de la tecnología sonora y de grabación así como la irrupción del jazz, nos conectan directamente con sus pioneros. El ‘Star System’ creado por la difusión masiva que supuso el mercado del disco, instala la infraestructura de esta primera industria musical de masas que, aunque ha evolucionado muchísimo, se asemeja bastante a la que conocemos hoy día. Me llama la atención como el jazz parece seguir un patrón inverso a las corrientes estudiadas anteriormente. Surge como fusión de distintos estilos (folclore afroamericano y tradición centroeuropea) y culturas (todas las que poblaban el sur de los Estados Unidos) casi de manera espontánea. Su desarrollo y popularidad en décadas posteriores hacen que una parte esencial se escinda, como reivindicación de un patrimonio afroamericano propio y evoluciona hacia la sofisticación, a través de la improvisación, experimentación e innovación, hasta que más tarde establecen, los propios músicos intérpretes, los cánones para su estudio. ¿No es acaso esto casi lo opuesto a lo que venía sucediendo en siglos anteriores? Al hilo del comentario de Rodri sobre la tradición aural (la desconocía por completo) he llegado a tu artículo sobre los Cánones Musicales, muy recomendable para ser enlazado con esta unidad. Me ha sorprendido muchísimo y me resulta realmente interesante descubrir cómo se produce esta evolución y se sientan los patrones para el estudio de músicas más contemporáneas como el jazz o el rock. Seguiré leyendo acerca de esto porque de momento no me da tiempo a más.
No es lo opuesto a lo ocurrido en siglos anteriores. En todos ellos, los cánones se establecen después de unas cuantas décadas de experimentación. En cuanto a la auralidad, las tres eras de la historia de la música occidental pueden resumirse así: tradiciones orales, tradiciones escritas y tradiciones aurales. La tradición aural es un campo de estudio muy activo en musicología desde hace algún tiempo.
¡Una unidad muy gratificante al oído! Si es que al final tanta chapa jazzera acaba calando…jaja
Quería preguntarte: los discos de 78rpm obligaron a adaptar las obras a extensiones comprendidas entre los tres y cuatro minutos, pero ¿es de aquí de donde proviene la duración estándar de la canción pop contemporánea?
También quería señalar brevemente el concepto de «tradición aural». Inconscientemente siempre había asociado el jazz a la tradición oral, pero por lo que explicas tiene mucho más sentido esta dinámica.
Y por último, ¡abro debate! Cuando estudié Historia del Jazz en Nueva Zelanda, leí un ensayo de un académico que, partiendo de tres «estilos» musicales diferentes, señalaba que las «obras de arte» asociadas a ellos son de distinta naturaleza: en música clásica la obra de arte sería la pieza escrita, la partitura por así decirlo; en el rock, las grabaciones; y en el jazz sería el propio concierto en directo…¿qué opinas?
¡Saludos!
P.d.: Benja, si estás leyendo esto, anímate y escríbete unas líneas 😉
Sobre las duraciones de las canciones, los 78 rpm establecieron una referencia, desde luego, pero creo que en la música comercial no habría cambiado mucho la extensión de las canciones sin los 78 rpm, la demostración es que con la llegada del LP las canciones no se alargaron mucho más, y en ello influyó sobre todo la radiofórmula, que históricamente impuso vetos a las canciones demasiado largas porque resultaban disuasorias y poco amistosas con la publicidad.
El tema de la tradición aural está siendo muy estudiado en musicología. Mi blog se titula Las tres edades de la música occidental precisamente por esa razón: tradición oral, tradición escrita y tradición aural.
El ensayo neozelandés va en una dirección cercana, aunque en términos de auralidad el rock y el jazz están prácticamente en el mismo bando.
Genial Rafa, muchas gracias
Buenas tardes Rafa,
La verdad ha sido una lectura bastante amena y entretenida, ya que es algo más actual. Suelo escuchar bastante la radio, y me ha interesado y sorprendido bastante leer sobre las primeras transmisiones de radio.
He encontrado muchas similitudes de la industria musical de la época con la actual, como lo es por ejemplo la importancia del cantante sobre la del compositor, o la estructura de las obras más modernas.
El jazz me gusta bastante, y me ha sorprendido que tuviera influencias de marchas militares. Leyendo esta unidad he aprendido a diferenciar con más facilidad los diferentes estilos de jazz, y hay alguna canción que escucharé más de una vez.
Un saludo,
Emma
Muy buenas Rafa.
La verdad es que este tema es bastante ameno. He estado cogiendo anotaciones sobre el vídeo y sobre la revolución del sonido, las formas de difusión y en concreto el estar system junto al jazz son interesantes los distintos desarrollos de casa género. Cómo el jazz nace en Nueva Orleans y se produce ese consumo masivo y la improvisación; con esa estructura de los temas y la cadena de solos, (jazz modal) va madurando en los años 40, las bandas sonoras en EE.UU., la creación de las big bands , años 50, y cómo se orientó al público.
Todo lo que fue una auténtica revolución para la improvisación como el cool jazz; más suave, el hard top; donde los afroamericanos cogieron las formas populares del jazz y temas con pocos acordes como el jazz modal.
Un saludo.
Buenas Rafa, me ha parecido muy interesante este tema ya que es más cercano a nosotros y comprendo mejor el surgimiento de estos nuevos géneros. Me ha gustado también saber que en este siglo fue cuando la figura del cantante adquiere un mayor prestigio frente al compositor, que se queda en un segundo plano. Además pensaba que la copla andaluza nació más tarde, y no en la Edad de Oro. Respecto al jazz, me ha sorprendido la cantidad de tipos que existen y que se extendiera tan rapido.
El género de jazz que más me ha gustado ha sido el Bebop y creo que es el que pertenece la obra Round Midnight. Estoy un poco perdida en su estructura pero creo que hay una introduccion, un primer tema, un segundo y una vuelta al primer tema con variaciones (hay cambio rítmico que se mantiene hasta el final junto con el tempo,se añaden platos…)
Saludos,
Penélope.
Hola Rafa, muchas gracias por tu vídeo. Me ha gusta mucho este tema porque me parece muy interesante cómo evolucionan los canales de difusión. También me ha parecido muy interesante la evolución del jazz, cómo se origina y se desarrollan tantos estilos distintos, porque no tenía ni sabía que había tantos estilos, y porque me llama mucho la atención cómo nace de la comunidad negra, evoluciona hasta convertirse en una música comercial blanca, de entretenimiento y de baile y cómo se reivindica como música negra, relacionándola con la cultura afroamericana.
Respecto a la audición de Thelonious Monk, me ha parecido que hace una breve introducción, después suena un primer tema más tranquilo, luego cambia a un tema más enérgico y finaliza con un cierre igual de tranquilo que el primer tema o que la introducción. ¿Puede ser que sea bebop? Creo que no diferencio bien los distintos estilos, ni tampoco la estructura…
Un saludo!
Hola, amigos, quiciera hacerles unos comentarios espero no les molesten y si no pueden responderme pues está bueno, se comprende que no tengan tiempo de responder a todo el mundo. Igual se los agradezco por leerme.
Allá voy:
El jazz no perdió su estatus de popular cuando se convirtio en música comercial? Creo que llamar populares a músicas que nunca hicieron parte de las fiestas o los eventos de los pueblos ni por ningún pueblo como colectividad es confuso e incierto, y no me parece que haga favor a la música popular ni a la comercial. Se imaginan llamar música popular a las canciones populares irlandesas de Beethoven? Que locura. El jazz, el rock, el pop, la música dance, el reggaeton, el trap, etc, son fenómenos que tienen su propio espacio y creo merecen su propio respeto sin nececidad de etiquetarlos con denominaciones que supuestamente les dan mas dignidad. No lo creo, señores. No algo por ser popular es más «auténtico» que algo creado en un estudio disquero o por cuatro muchachos reunidos para hace rmúsica original. Ni algo creado por gente humilde del campo o del mar y modificado por sus hijos y luego por sus nietos y así por generaciones y siglos, es solo para ser apreciado por campesinos y personas ignorantes. Todos los generos y los estilos y las épocas tienen su lugar y se los tiene que respetar igual. Creen en verdad que el jazz conservó su esencia popular cuando se convirtió en un objeto de consumo masivo para personas que en la mayoría ninguno sabia nada del sentimiento y la expresión musical de los negros norteamericanos?
Otra duda que tengo es, no recibió influencias también de la música popular blanca que cantaban los esclavistas blancos. Por ejemplo un profesor nos dijo una vez que los espirituales y godspells evidenciaban el sentido cadencial europeo en sus melodías. Yo por otra parte además creo escuchar ecos de la música que hoy decimos country, o mejor dicho de sus antepasados en la música tipo dixie? Nunca escucharon los discos de Alan Lomax documentando en grabación la música popular de toda Norteamérca? Yo nomás soy un aficionado pero creo escuchar antecedentes en la música popular de los granjeros de los Apalaches y de los mineros de las rocosas, que grabó Lomax allá por los años 40 o 50 del siglo anterior. ¿Es imaginación mia o en verdad algunas músicas de esas llegaron a los estados esclavistas y los esclavos las incorporaron a su repertorio modificándolas e integrándolas en su tradición?
Por cierto, miren, yo soy negro de origen dominicano y jamaiquino, aunque tengo ya mucho tiempo de vivir fuera de mi país pues mis padres emigraron cuando yo era chico y no volví a RD nomás por vacaciones, pero los orígenes nunca se pierden y les digo que como afroamericano, me parece bien ofensivo que cuando mencionen a los afroamericanos se refieran no más a los de EU. La música afroamericana es el palo dominicano, el merengue, el konpa haitiano, la salsa y el son cubanos, la samba brasileña, y una infinitud de estilos y géneros afroamericanos.
No sigan los dictados de la musicologia norte americana. Los gringos solo ven el mundo de un color, el suyo. Los negros de América somos afroamericanos todos, no solo los que viven allá al norte.
Un saludo y sigan con este fantástico proyecto. Los aficionados lo disfrutamos mucho.
Hola Kenny, todo lo contrario que molestar, tus comentarios me han parecido de un gran interés pues aportan una perspectiva que desconocemos al otro lado del Atlántico. Con el tema de la música popular nos enfrentamos más bien a un diferente uso del lenguaje, en concreto aplicado a la palabra «popular», pues las etiquetas son siempre problemáticas. La etnomusicología se enfrentó a esta cuestión hace más de 50 años: a principios del siglo XX se podía aún identificar la música de transmisión oral que se usaba en los pequeños poblados como la única o más auténtica música «popular», pero en el siglo XX se han desarrollado muchas músicas, especialmente en las grandes ciudades, que también han sido «populares» porque era la música que la mayoría de la gente escuchaba y conocía. De ahí que los musicólogos hablen hoy en día, para distinguirlas, de «músicas populares urbanas», o lo que los anglosajones llaman «popular music» o «pop music». Esta unidad trata principalmente sobre este tipo de músicas. Para las otras suelo usar las palabras «folclore», «músicas rurales» o «de tradición oral», dependiendo del contexto.
Sobre el tema afroamericano te doy toda la razón, pero creo que a lo largo de la unidad me cuido de no identificar a los afroamericanos de los Estados Unidos como los únicos afroamericanos. Eso sí, como se habla mucho de jazz, los ejemplos citados son principalmente estadounidenses. No es lo mismo decir «los afroamericanos jugaron un importante rol en el nacimiento y desarrollo del jazz» porque se sobreentiende que no fueron todos los afroamericanos de América, que decir «el jazz es la música de más importante de los afroamericanos». Esto sería una barbaridad, pues como tú explicas, la cultura afroamericana se extiende por toda América, es muy diversa, y no hay ninguna música que les represente en exclusiva.
También comparto contigo lo que dices de que el jazz no es una manifestación «pura» afroamericana, dado que es una mezcla de elementos afroamericanos, europeos y autóctonos americanos blancos, y estoy totalmente seguro que hay muchas músicas caribeñas y brasileñas como las que tú citas que son afroamericanas en una proporción mucho mayor que el jazz.
Un fuerte abrazo y seas bienvenido a este blog cuando quieras.