El concierto romántico constituye una evolución del concierto clásico, del cual mantiene —con algunas variantes— su estructura formal, con un primer movimiento en forma de concierto-sonata, un segundo tiempo lírico y un tercer movimiento en forma de rondó.
El Concierto para violín en Mi menor de Felix Mendelssohn es un ejemplo clave en la adaptación del concierto solista al formato romántico, tal como lo cultivarán compositores «clasicistas» como el propio Mendelssohn o Brahms. Su primer movimiento es una forma de concierto-sonata que consagró algunas divergencias con respecto al modelo clásico, posteriormente imitadas por numerosos compositores.