A lo largo del siglo XVIII, el minueto acabó integrándose en diversos géneros musicales clásicos, como el cuarteto de cuerda, el quinteto de cuerda o la sinfonía, convirtiéndose así en la única danza de la suite barroca en sobrevivir hasta las postrimerías del siglo.
En este cuarto artículo de la serie analizaremos uno de los más célebres minuetos de la historia, incluido por Luigi Boccherini en su primera colección de quintetos de cuerda, un formato de cámara del que fue pionero y del que acabaría componiendo más del centenar de obras.