La música para tecla del siglo XVIII atravesó un apasionante desarrollo que, partiendo de las formas binarias de danza barrocas, acabó jugando un decisivo papel en la configuración de la forma sonata vienesa. Uno de los momentos más singulares de este multidireccional desarrollo lo ofrecen las 555 sonatas para tecla del napolitano Domenico Scarlatti, escritas en las décadas de 1720-50, y que constituyen en sí mismas un riquísimo muestrario de la experimentación formal a la que fue sometido este género en una fase que los historiadores denominan «preclásica».
En este primer artículo dedicado a las sonatas scarlattianas, analizaremos la K.27, en Si menor, incluida en su única publicación impresa autorizada y supervisada por el mismo compositor: los Essercizii per gravicembalo.