El himno ocupa un lugar muy peculiar en el repertorio gregoriano. A diferencia de los cantos principales de la misa y del oficio, los textos de los himnos no proceden de los salmos, ni sus melodías tienen su origen en la recitación, sino que son composiciones originales cuyos autores están, en muchos casos, identificados.
La estructura estrófica del himno, su métrica regular —frente a la irregularidad del versículo gregoriano— y el estilo silábico de sus melodías lo convierten en el género más llano y accesible del repertorio gregoriano. En este artículo estudiaremos este género tomando como muestra uno de sus ejemplos más célebres, el himno «Pange lingua gloriosi».