Durante el siglo XIX, el cuarteto de cuerda se consolidó como género central de la música de cámara. La huella dejada por Beethoven, tanto en el plano compositivo como en la recepción crítica, marcó el rumbo de la creación en el ámbito germánico, al tiempo que proliferaron los conciertos públicos de cámara y se intensificó la actividad editorial. Convertido en emblema de la música absoluta, el cuarteto convivió, no obstante, con repertorios más ligeros concebidos para el ámbito doméstico.
En este segundo artículo (de cinco) dedicado a la historia del cuarteto de cuerda, estudiaremos el periodo comprendido entre Beethoven y Brahms, atendiendo tanto a los cambios en la práctica interpretativa y en los modos de circulación del repertorio como a los discursos estéticos que acompañaron su canonización.