
Durante la segunda mitad del siglo XX, la primera revolución del sonido (Unidad 30) intensificará su impacto gracias a nuevos formatos —disco de vinilo (1948), casete (1963)— y la comercialización masiva de nuevos dispositivos a partir de los años 50 —televisión (1936), radio portátil (1954)— y, más adelante, con medios digitales como el disco compacto (1981), Internet (1990), etc.
Simultáneamente al proceso anterior tendrá lugar una segunda revolución del sonido, relacionada con la aplicación de las nuevas tecnologías a la producción musical a través de la electrificación, la edición, la mezcla o la síntesis sonora por medios analógicos o digitales, de la que resultarán nuevos paradigmas sonoros como los vinculados al rock, el hip-hop, o la música electrónica.
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Presentación Genially
Unidad 33. La segunda revolución del sonido: del rock a la electrónica
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Factores generacionales, tecnológicos e ideológicos

La expansión de los medios de difusión de masas tendrá como principal efecto la segmentación del mercado en franjas generacionales, étnicas y sociales cada vez más estrechas. El proceso es visible ya en los EEUU con el éxito comercial de la radio portátil o transistor (1954), dispositivo considerado crucial en el despegue de fórmulas musicales específicas para el público juvenil, en contraposición al mercado generalista (y familiar) vigente hasta el momento, condicionado por el tamaño y coste de los aparatos de radio de válvulas.
Los nuevos estilos juveniles —como el rock and roll y el rhythm and blues— situaron en primera línea del mainstream la guitarra eléctrica, iniciando un proceso de «electrificación» al que se fueron sumando otros instrumentos, como el bajo Fender (1951), el órgano Hammond (1937), el piano Fender-Rhodes (1965), el pedal wah-wah o el sintetizador Moog (1967), entre otros muchos. La adopción de estas tecnologías será causa de fuerte controversia allá donde se extienda, como lo ilustran los ejemplos de Bob Dylan en el folk (1965), Wendy Carlos en el clásico (1968), Miles Davis en el jazz (1972) o Camarón de la Isla (1979) en el flamenco, la punta de un iceberg de un tipo más amplio de tensión entre modernidad y tradición.
Las franjas étnicas y generacionales, la postura ante las nuevas y cambiantes tecnologías y la actitud frente a la modernidad y la tradición —aparte de los intereses comerciales en promover nuevas etiquetas— serán solo una parte de los factores de segmentación del mercado de la música juvenil desde el nacimiento del rock and roll, que alcanzará niveles estratosféricos a finales del siglo: solo en el ámbito del metal, wikipedia.es incluye hasta 67 entradas de subgéneros. En el caso de la electrónica, los subgéneros se cuentan ya por cientos, englobados en catorce líneas principales.
En la segmentación del mercado influyen un conjunto de parámetros muy diverso que incluye el uso social —música de baile, música para consumo privado, etc.—, los circuitos de distribución —entre los mass media y el underground— y la actitud frente al mercado, las asociaciones sociales o ideológicas —en ocasiones, ligadas a subculturas urbanas o movimientos políticos—,la inteligibilidad del discurso, la valoración de la complejidad —virtuosismo, estructuras musicales (rítmicas, armónicas, tímbricas, formales, etc.— o su rechazo —punk, lo-fi—, el rol jugado por la improvisación o simplemente el origen geográfico del subgénero.
Los años salvajes del jazz
El jazz vivió su momento álgido (y central, desde el punto de visto histórico) durante las décadas de 1950-60. El afloramiento de las tensiones raciales en los EEUU, concretado en el movimiento por los derechos civiles, ramificará el jazz en diversas corrientes –cool jazz, hard bop, free jazz– y asociaciones –third stream– insertadas en un complejo sistema de coordenadas definido en términos de etnicidad, asimilación/protesta y tradición/vanguardia, entre otros.
La pujanza de la música electrificada –rock, funk– desde mediados de la década de 1950 y el distanciamiento de la juventud con respecto al jazz condujeron a algunos músicos a adoptar durante la década de 1970 los instrumentos eléctricos y los ritmos de rock, en lo que se denominó jazz-rock o jazz fusión, movimiento que gozó de extraordinaria salud en términos musicales y comerciales pero resultó enormemente traumático en el mundo del jazz.
Desde la década de los 80, el jazz se caracteriza por su creciente institucionalización académica y por el impulso de una agenda neoclasicista y canonizadora de la tradición desde la máxima institución del jazz, el Jazz At Lincoln Center de Wynton Marsalis. Junto a esta línea nostálgica han convivido nuevas formas de fusión -étnica o con nuevas corrientes urbanas- en una escena post jazzística cada vez más deslocalizada.
John Coltrane – Naima [Coltrane, 1959], del álbum Giant Steps (1959).
Miles Davis – Bitches Brew [Davis, 1970], del álbum Bitches Brew (1970).
Folk, jazz, rock, electrónica… y pop

Por definición, la música pop (=popular) no es un estilo sino cualquier tipo de música producida expresamente para su consumo masivo, sea cual sea el estilo en el que esté basada. La música pop depende siempre de un estilo preexistente, al cual simplifica y/o formulariza en un grado más o menos severo. A rasgos generales, podemos definir cinco grandes paradigmas estilísticos que han servido de base a la mayor parte de la música popular desde el siglo XX hasta nuestros días, de forma independiente o de forma combinada:
- Canción lírica. La orquesta clásica (con violines, sin batería) ha sido dominante en Europa al menos la II Guerra Mundial, y en los EEUU. Cantantes líricos –como Caruso o Tauber– o populares con ascendencias estilísticas diversas –como Carlos Gardel, Concha Piquer, Edith Piaf, o incluso Judy Garland o Frank Sinatra– desarrollaron estilos basados, en mayor o menor medida, en este paradigma.
- Folk. La música de raíz folclórica ha constituido la base de géneros musicales muy diversos como la copla, el bolero, el folk, el country o la música celta –entre otros muchos–, generalmente en combinación con elementos de la canción lírica, el jazz o el rock/R&B.
- Jazz. El jazz (base rítmica de swing, instrumentos acústicos) constituyó el paradigma dominante en la música popular estadounidense entre las décadas de 1920-50, desde Gershwin y Glenn Miller hasta Ella Fitzgerald y Frank Sinatra. Este estilo ha desarrollado importantes ramificaciones fuera de los EEUU: manouche, bossa, latin jazz, etc.
- Rock/R&B. El paradigma del rock (guitarras y bajos eléctricas, bases rítmicas cuadradas), dominante a nivel global entre las décadas de 1950-1990, y aún subyacente a una parte sustancial de la música electrónica posterior. Es un paradigma que podemos reconocer en géneros como el reggae, el soul, el funk, etc.
- Música electrónica/producción digital. Tras sus primeras incursiones en el mainstream en la década de 1970, la música electrónica sustituyó definitivamente al rock como paradigma dominante a escala global a finales de la década del 1990. Pese a tratarse esencialmente de música de estudio, la música electrónica también cuenta con una importante faceta performativa –en ámbitos como el hip hop o la EDM– a través de la figura del DJ.
Salvo notables excepciones, la música pop suele merecer un escaso crédito artístico, pero su intrínseca posición dominante en los ecosistemas musicales le otorga una influencia imposible de despreciar, como hemos visto más arriba en relación con la evolución del jazz. Tampoco se han escapado de esta influencia las vanguardias de posguerra (Unidad 32), cuya necesidad de justificarse «por oposición» a la música popular ha lastrado la asimilación de nuevas tecnologías (edición y mezcla, sintetizadores, etc.) y su repliegue en la notación y en la composición para instrumentos acústicos en contra de sus pretensiones modernistas e ideología cientificista.
Tres momentos de la historia del rock
El rock nació hacia 1955 como resultado de varias circunstancias que alteraron radicalmente el ecosistema de la música popular en los Estados Unidos: la liberalización del espectro radioeléctrico a finales de los años 1940 convirtió en pocos años un oligopolio en un mercado muy segmentado y competitivo basado en el pinchado de sencillos. La invención del transistor y la comercialización de radios portátiles a partir de 1954 contribuyeron a segmentar la audiencia y producir música específicamente para el mercado juvenil. En 1951 en Cleveland, el pinchadiscos Alan Freed comenzó a transmitir canciones de R&B (interpretadas por artistas negros) para audiencias multirraciales. La adopción de este estilo por artistas blancos como Bill Haley, Jerry Lee Lewis o Elvis Presley supuso la entrada del rock&roll en la corriente mayoritaria de la música comercial.
El estadounidense Frank Zappa, artista de culto y uno de los creadores más originales e inclasificables del siglo XX, fue admirador del compositor de vanguardia Edgar Varèse, dio sus primeros pasos en la música experimental estadounidense y compuso obras orquestales que llegaron a ser estrenadas por Pierre Boulez, aunque es recordado principalmente por su producción en el ámbito del rock. Su música inspiró a The Beatles la producción de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, disco conceptual que contiene a modo de reconocimiento una foto de Karlheinz Stockhausen en su portada y que popularizó la experimentación de estudio en la música popular.
El rock de los años 1970 alcanzó la mayoría de edad gracias al impulso de tecnologías como la televisión en color, la grabación y la mejora exponencial de los sistemas de grabación multipista y la amplificación de los conciertos de rock. La televisión comercial en color se introdujo en Japón en 1960, se generalizó en los Estados Unidos a partir de 1965 y desembarcó en Europa en los años sucesivos. La televisión en color favoreció el desarrollo del glam rock – David Bowie, Elton John, Queen– y la individualización y teatralización de la imagen pública de los artistas, como encarnaciones de un producto total.
Elvis Presley – «The Jailhouse Rock» [1957].
Queen – A Night at the Opera, «Bohemian Rhapsody» [1975].
Música concreta, síntesis electrónica, música electrónica de baile

La primera tecnología de manipulación del sonido en estado puro empleada en la composición fue la cinta magnetofónica. Desarrollada en la Alemania nazi y descubierta por las potencias occidentales al término de la guerra, fue utilizada por Pierre Schaeffer y su discípulo Pierre Henry para la elaboración de música mediante la edición y la mezcla de sonidos grabados (música concreta) presentados por primera vez en un concierto ofrecido en 1948. A partir de mediados de los años 1960, la ampliación del número de canales de las mesas de mezclas revolucionó la producción musical, permitiendo una edición sonora más envolvente y cuidada. El desarrollo creativo de las técnicas de edición y mezcla otorgó un protagonismo creciente a la figura del productor discográfico –con nombres como Phil Spector, Quincy Jones, George Martin o Teo Macero– como responsable artístico de figuras como The Beatles, Michael Jackson o Miles Davis.
La síntesis electrónica (por medios analógicos como osciladores, filtros, moduladores en anillo, etc.) o «música electroacústica» –explorada durante los años 50 por compositores de vanguardia como Stockhausen, Ligeti, Varèse o Xenakis– constituye la segunda categoría principal de la música electrónica, que adquiriría una pronta proyección en la cultura popular a través del cine de ciencia-ficción, desde la pionera Forbidden planet [1956] con banda sonora de Louis y Bebe Barron. La síntesis electrónica entró de lleno en la música popular –rock e incipiente música electrónica– gracias a la popularización de los sintetizadores a partir de la comercialización del Moog (1967) y el Minimoog (1970). La posterior incorporación de secuenciadores –a partir del revolucionario modelo synthanorma (1976)– y cajas de ritmos –a partir del legendario Roland TR-808 (1980)– dio forma a la primera generación de músicas electrónicas populares durante la década de 1980.
Aunque la música electrónica nació como una especialidad musical propia del estudio de grabación, desarrolló desde los años 1970 diversas formas de performatividad, principalmente a través del deejay (pinchadiscos). Esta figura característica de la música electrónica de baile y el hip hop se expresa a través del turntablism (mezcla en vivo de dos o más grabaciones, originalmente en vinilo), incorporando –en el caso del hip hop– técnicas de naturaleza virtuosística, como el backspin, el breakbeat o el scratch.
El desarrollo de las tecnologías digitales (ordenadores) a partir de los años 80 no alteró de forma esencial estos tres dominios de la música electrónica –mezcla, síntesis y mezcla en tiempo real–, pero sí abarató significativamente los costes. La creciente accesibilidad de las tecnologías de producción musical y (con la llegada de Internet) de canales de distribución «democráticos» como MySpace (2003), YouTube (2005), o SoundCloud (2008) han proporcionado herramientas poderosísimas a creadores con nuevos perfiles creativos, no necesariamente formados en disciplinas musicales «clásicas» (notación, composición) ni «modernas» (improvisación, armonía).
Música electrónica y performatividad
La música concreta fue tratada con displicencia por el vanguardismo ortodoxo europeo, que la consideró aficionada. Pierre Henry, pionero de esta disciplina, alcanzó una notable proyección pública con el ballet Messe pour le temps présent, encargado por el coreógrafo Maurice Béjart. La obra mezcla partes instrumentales compuestas por Michel Colombier con sonidos naturales y electroacústicos elaborados por el propio Henry.
Las primeras tentativas de producción musical comercial con medios exclusivamente sintéticos tuvieron lugar en la década de los 70 –Kraftwerk, Giorgio Moroder–, precursores del techno. La presencia de la voz humana (en algunos casos alterada mediante un vocoder o, desde finales de los 90, mediante la aplicación de Auto-Tune) siguió siendo considerada esencial para la puesta en escena del producto a través de un vocalista, aunque en muchas ocasiones éste haga poco más que prestar su imagen.
El house es uno de los principales géneros de la música electrónica de baile. Nació en Chicago hacia 1981 y que ejerció una importante influencia en otros géneros de la música popular desde mediados de los años 1990. Descendiente de la música disco de los años 70, su tempo oscila entre los 120 y los 135 BPM y se caracteriza por el patrón rítmico four-on-the-floor. Las sesiones de house son oficiadas por un deejay, encargado de la selección de las pistas y de la realización de las transiciones empleando un dispositivo con dos platos y crossfader.
Pierre Henry/Michel Colombier – Messe pour le temps présent – Psyché Rock [1967].
Donna Summer/Giorgio Moroder – I Remember Yesterday – «I feel love» [1977].
Frankie Knuckles – «The Whistle Song» [1991].
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