La fuga que analizaremos en este artículo reúne unas características impensables en una obra que formó parte del disco más vendido en dos años consecutivos —1962 y 1963, una hazaña solo igualada por Thriller de Michael Jackson y 21 de Adele—: se trata de la banda sonora del film que llevó a la gran pantalla el musical West Side Story de Leonard Bernstein, estrenado en Broadway en 1957.
Aparte de tratarse de una fuga —un género en las antípodas de las audiencias masivas—, la obra está construida a partir de un sujeto dodecafónico (una ordenación de los doce sonidos de la escala cromática, sin repeticiones) y un contrasujeto que imita el estilo improvisatorio virtuosístico propio del bebop —Solid and boppy, es la indicación de tempo de la obra—. En definitiva, dos de los estilos más «cultos» y sofisticados de la música clásica y del jazz del siglo XX.