La fuga barroca representa la culminación de un proceso de adaptación de un conjunto de técnicas contrapuntísticas cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, al lenguaje armónico y la sensibilidad de la era del bajo continuo.
En este artículo analizamos una fuga compuesta para un ámbito —el operístico— poco frecuentado por este género de resonancias sacras. Se trata de un ejemplo firmado por Jean-Philippe Rameau, el más destacado compositor teatral de la primera mitad del XVIII francés.