Gérard Grisey (1946-1998) es uno de los pioneros y representantes más emblemáticos del espectralismo musical, un movimiento nacido a finales de los años 1960 que se presentó como alternativa y refutación del serialismo integral. Las premisas de este movimiento, centradas en el análisis y la síntesis sonora de acuerdo con principios acústicos y psicoacústicos, se desarrollaron en paralelo en dos líneas: la composición electrónica y la composición para instrumentos convencionales.
Tras el artículo dedicado a la obra electrónica Mortuos plango, vivos voco (1980) de Jonathan Harvey, dedicamos este otro a una obra instrumental: la segunda sección de Vortex temporum (1994–96), para piano y cinco instrumentos, de Grisey.