El Magnificat —o Cántico de la virgen María— constituye el punto culminante de las Vísperas, oración de la tarde enmarcada en la Liturgia de las horas cristiana. Este texto, procedente del episodio de la Visitación de la Virgen María relatado en el Evangelio de Lucas, ocupa una posición singular dentro de la liturgia cristiana, al tratarse del único que cuenta —al menos, según la tradición— con la propia virgen María como su «autora».
Durante el Renacimiento y primer Barroco, el Magnificat fue puesto en polifonía y publicado en numerosas ocasiones en series de ocho —uno por cada uno de los ocho tonos renacentistas—, lo cual convierte a este género en material idóneo para el estudio de la tonalidad renacentista. En esta entrada comenzaremos su estudio tomando como muestra sendos Magnificat compuestos por Palestrina y Duarte Lobo.