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Unidad 10 – La música instrumental solista en la era barroca

Retrato de músicos [1687], de Anton Domenico Gabbiani

El bajo continuo y la ópera ejercieron una enorme influencia en el desarrollo de las formas instrumentales a lo largo de la era barroca. El bajo continuo permitió a los instrumentos melódicos –como el violín– desarrollar un repertorio solista específico, basado en la monodia acompañada y liberado de las ataduras de la improvisación en el contexto polifónico, basado en la glosa de una de las voces. La sonata cumplió un papel troncal en el ámbito de la nueva música instrumental, liderada por los violinistas italianos, que extendieron el nuevo género por Europa con ayuda –desde finales del siglo XVII– de un cada vez más pujante mercado editorial.

La dependencia de la música instrumental con respecto a la ópera no se limitó a los aspectos técnicos, pues toda una estética «de los afectos» la ligó a la corriente retórica encarnada por el teatro musical. Así, la música tuvo como uno de sus principales objetivos recrear cada una de las pasiones (afecciones) del alma: el amor, la ira, la piedad, etc., ampliando así su paleta expresiva.

Unidad 10. La música instrumental solista en la era barroca
Presentación Genially
Unidad 10. La música instrumental solista en la era barroca

El «renacimiento» de la música barroca

La música instrumental barroca –sus instrumentos, sus obras y su tradición interpretativa– fue olvidada según irrumpieron nuevos estilos musicales que impusieron nuevos gustos y arquetipos sonoros. Pese a que la musicología alemana del siglo XIX inició la exhumación de las fuentes musicales de este repertorio –especialmente la música de Bach y Händel–, el retorno de esta música a las salas de concierto fue más lento.

El movimiento para la recuperación de la música antigua se inició a principios del siglo XX; sin embargo, la interpretación según criterios históricamente informados solo empezó a tomar su forma actual desde los años 1970, gracias al impulso del disco y de intérpretes especializados. Estos especialistas recuperaron los instrumentos y los criterios estilísticos de cada época –incluyendo prácticas abandonadas como la improvisación–, sacando a la luz un inmenso repertorio musical hasta entonces olvidado.

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Interpretación romántica versus histórica
El vídeo ofrece interpretaciones comparadas del Te Deum [ca. 1690] de Marc-Antoine Charpentier , la Sonata para violín y bajo continuo op. 5 nº 1 [ca. 1700] de Arcangelo Corelli , y la Pasión según San Mateo [ca. 1728] de Johann Sebastian Bach .

Instituciones y géneros del Barroco musical: la suite y la sonata

El violagambista francés Marin Marais.
El violagambista francés Marin Marais.

Italia y Francia fueron los centros musicales más influyentes en la Europa de los siglos XVII y principios del XVIII. La influencia de la música italiana tuvo un importante soporte en la labor desarrollada por sus numerosos hospicios y conservatorios que, como el Ospedale della Pietà de Venecia o el Conservatorio di Sant’Onofrio de Nápoles, institucionalizaron la enseñanza de la música a sus internos y acabaron convirtiéndose en los centros de formación musical más prestigiosos de su tiempo, atrayendo a músicos de toda Europa. Estos músicos, que generalmente viajaron a Italia gracias al mecenazgo de nobles y protectores, así como los músicos italianos formados en estas instituciones, se integraron en las cortes europeas, donde difundieron el estilo italiano. Al impulso dinamizador de estas instituciones debe sumarse el de las academias, mencionadas en la Unidad 8.

Por su parte, la música francesa sustentó su influencia en el potente mecenazgo desarrollado por la monarquía, que encontró en la música, la danza y la ópera los medios para proyectar a escala nacional e internacional la grandeza del estado francés. Como hemos visto en la Unidad 9, esta posición permitió a la corte francesa establecer estándares estéticos que influyeron profundamente en la música europea y que fueron imitados en otras cortes europeas, desde los estados germánicos hasta Polonia. La influencia en el ámbito de la danza se sustentó en la capacidad de la corte francesa para exportar maestros de danza y laudistas a toda Europa, extendiendo así su estilo y técnica más allá de sus fronteras. El proteccionismo cultural impuesto en Francia por Luis XIV y Jean-Baptiste Lully promovió el desarrollo de una tradición instrumental propia que tuvo en la viola da gamba su instrumento más emblemático.

El género instrumental francés más característico del siglo XVII fue la suite de danzas. Las danzas habían sido agrupadas y comercializadas en colecciones ya desde el siglo anterior (por ejemplo, en la célebre Orchesographie de Thoinot Arbeau de 1588). La síntesis de la suite de danzas barroca tuvo lugar a lo largo del siglo XVII desde diversos centros (Francia, Alemania e Inglaterra, principalmente), aunque terminó por estandarizarse en la corte francesa. La suite clásica, que se consolidó en dos etapas, comenzó con la secuencia allemande, courante y sarabande (danzas alemana, francesa y española, respectivamente), añadiendo luego la giga (de origen inglés o italiano, dependiendo del estilo) alrededor de 1650.

El término sonata es empleado en el Barroco italiano para referirse de forma genérica a una composición instrumental a varias partes con bajo continuo, para distinguirla por un lado de la cantata (composición vocal en estilo moderno, con exclusión de la ópera) y por otro de la toccata, composición para un instrumento polifónico, principalmente para tecla. La sonata tiene su origen en la música instrumental veneciana de principios del siglo XVII y está concebida aún de forma polifónica, con entre cuatro y ocho partes, no asignadas a instrumentos específicos.

La adecuación del bajo continuo al género solista (permite una gran libertad al intérprete) unido al perfeccionamiento técnico de los instrumentos (especialmente del violín) y al desarrollo de la técnica instrumental por parte de los virtuosos, propició la extinción de las sonatas a más de tres partes en favor de la sonata solista (solista más bajo continuo) y de la triosonata (dos solistas más bajo continuo), géneros más adecuados a la exhibición de las facultades de los compositores-instrumentistas. La primacía del violín se sustentó también en la pericia de constructores italianos como AmatiStradivarius o Guarneri, cuyos instrumentos aún hoy en día son considerados los mejores de todos los tiempos.

La composición con bajo continuo a lo largo de 100 años: de la sonata a la suite

La composición instrumental con bajo continuo se inició en Italia como sonata para varios instrumentos: estas sonatas conservan aún algunas características heredadas de la polifonía renacentista, como los diálogos imitativos entre las partes y el carácter multiseccional basado en la alternancia entre secciones lentas y rápidas, en ritmos binarios y ternarios. Entre los músicos italianos de principios de siglo que practicaron este género, el ferrarense Girolamo Frescobaldi destacó además como polifonista: su estilo contrapuntístico en estilo moderno sirvió de modelo para la enseñanza de la composición durante todo el siglo XVII y parte del XVIII.

Al final del siglo XVII, el violín se había consagrado como instrumento solista por excelencia, y la sonata se consolidó en dos formatos gracias a la figura del más influyente de los violinistas de este periodo, Arcangelo Corelli. La sonata da chiesa –apta para el uso en las ceremonias religiosas– es heredera de la sonata primitiva, mientras la sonata da camera está conformada como una colección de danzas, a semejanza de la suite francesa.

Como en las restantes facetas musicales, Francia promovió una autarquía cultural que, en términos musicales, se tradujo en la primacía del clavecín, la viola da gamba y la tiorba. El género más característico fue la suite, amplias colecciones de preludios, danzas y rondós en una misma tonalidad concebidos para que el usuario seleccione y disponga las piezas a su gusto.

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Libro II de sonatas concertadas en estilo moderno [1629] – Sonata nº 4 a dos partes con bajo continuo
En esta sonata, el bajo continuo sostiene los pasajes homofónicos y los diálogos imitativos entre los dos instrumentos melódicos, en un estilo heredero del motete renacentista.
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Sonata para violín op. 5 nº 10 – 2. Allemande [1700]
Las sonatas de Corelli constituyen una de las colecciones más influyentes de la historia del violín. Esta sonata para violín y bajo continuo pertenece al subgénero da camera (de cámara) e incluye diversas formas de danza barrocas.
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Cuarto libro de piezas de viola – Suite nº 6 en Mi menor – Rondeau paysan [1717]
La viola da gamba es el instrumento solista por excelencia del Barroco francés, cultivado por virtuosos como Marin Marais o Antoine Forqueray. Esta pieza adopta la forma de rondeau.

Dario Castello – Libro II de sonatas concertadas en estilo moderno [1629] – Sonata nº4 a dos partes con bajo continuo.

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Arcangelo Corelli – Sonata para violín op.5 nº10, 1. Preludio [1700].

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Marin Marais –Cuarto libro de piezas de viola – Suite nº6 en Mi menor – Rondeau paysan [1717].

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La música barroca para tecla y el estilo galante

Lección de música [ca.1665] de Jan Steen.
Lección de música [ca.1665] de Jan Steen.

La música barroca para tecla permaneció en gran medida apegada a la tradición contrapuntística e imitativa característica del estilo antiguo (lo veremos en la Unidad 12). Solo en los albores del siglo XVIII se inició el desarrollo de un lenguaje plenamente idiomático para el clavicembalo o clavecín, especialmente dirigido al mercado doméstico y de características más ligeras y amables.

La música de danza, como el rondeau, el pasacalle o, más aún, las formas características de la suite (como las ya citadas allemande, courante, zarabanda y giga) conformaron en Francia en núcleo del incipiente estilo galante, estilo de transición al Clasicismo que encontró en Francia su ejemplo más característico a principios del siglo XVIII en las galanteries, en el estilo de François Couperin, piezas en forma de danza binaria o de rondeau, pero con denominaciones elegantes y caprichosas, acordes con el carácter de la pieza. Las danzas binarias se distinguen entre sí por el empleo de un compás y un ritmo característico, pero comparten la estructura binaria, compuesta por dos secciones repetidas según el esquema AABB, y en el que la sección B, habitualmente más extensa y temáticamente semejante a A, retorna a la tonalidad inicial de A tras visitar una o varias tonalidades vecinas.

Del lado italiano, Domenico Scarlatti –quien desarrolló la parte más significativa de su carrera musical en España– introdujo en un música para tecla un modelo de sonata que apunta al Clasicismo. Estas sonatas en un solo movimiento de Scarlatti están estrechamente relacionadas con la forma binaria de la suite de danzas, pero evitan la uniformidad característica de la retórica barroca, apuntando a un juego de contrastes y una articulación de frases más limpia y dinámica.


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Segundo Libro de Piezas para Clavecín – Les barricades mistérieuses [1717]
Esta obra exhibe un estilo homofónico, centrado en la armonía y la textura, alejado de la polifonía y el contrapunto. Formalmente está estructurada como un rondeau , en el que un estribillo (rondeau) alterna con varias estrofas (couplets).
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Nuevas suites de clavecín – Les Sauvages [1728]
Esta pieza presenta estructura de rondeau con dos couplets, y fue posteriormente reutilizada por el autor en su ópera Las indias galantes.
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Sonata en Si menor, K.27 [1739]
Compositor italiano afincado en la corte española, alcanzó proyección internacional gracias a la publicación de su música para tecla. Su estilo refleja rasgos del folclore español, como la cadencia andaluza.

François Couperin – Segundo Libro de Piezas para Clavecín – Les barricades mystérieuses [1717].

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Jean-Philippe Rameau – Nuevas suites de clavecín – Les sauvages [1728].

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Domenico Scarlatti – Sonata en Si menor K.27 [1739]. (descargar partitura).

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Música para instrumentos de cuerda pulsada

Muchacha con guitarra [ca.1672] de Vermeer de Delft.
Muchacha con guitarra [ca.1672] de Vermeer de Delft.

El laúd –y su pariente francés, la tiorba– acumularon a lo largo del siglo XVII diversas mejoras técnicas, como la adición de bordones (cuerdas graves fuera de la tastiera) o el desarrollo en Francia del style brisé, o arpegiado de los acordes. Utilizados como miembros de la sección de bajo continuo durante las primeras décadas del siglo XVII, cedieron su puesto progresivamente a los instrumentos de tecla y la guitarra. La decadencia del laúd –como instrumento doméstico y solista– fue lenta pero inexorable a lo largo de la era barroca, aunque vivió un último periodo de esplendor en los estados germánicos a través del último gran laudista del periodo barroco, Silvius Leopold Weiss, músico de cámara de la corte de Dresde y autor, con más de 650 piezas, del mayor corpus de música para laúd jamás legado por cualquier otro laudista de la historia.

El Barroco vivió la irrupción a nivel europeo de un nuevo instrumento de cuerda pulsada de construcción española: la guitarra. Más ligera y sencilla que el laúd, su difusión como instrumento doméstico se basó en su uso para el acompañamiento rítmico-armónico gracias a la técnica de rasgueo, así como en su novedoso sistema de notación alfabética de acordes. Los músicos italianos, a partir de Giovanni Paolo Foscarini, desarrollaron un estilo mixto para la guitarra que combinaba la técnica de rasgueo con la tablatura y técnica del laúd. En Francia, Francesco Corbetta abandonó el alfabeto y Robert de Visée, tutor de Luis XIV y también tiorbista, compuso suites de danzas para la guitarra, elevando su prestigio en los círculos cortesanos.

Gaspar Sanz es la figura más destacada en la guitarra española del siglo XVII. En su Instrucción de música sobre la guitarra española recopiló danzas populares en versiones de rasgueo y punteado, proporcionando una valiosa fuente para el estudio de la música popular de la época, entre ella las jácaras y los pasacalles.

El laúd y la guitarra en la era barroca

El aragonés Gaspar Sanz es el autor del más importante compendio de guitarra española de la era Barroca: la Instrucción sobre la guitarra española, publicada en dos volúmenes en los años 1674 y 1697. La colección —que utiliza sistemas de tablatura alfabéticos, de trastes y mixtos— recorre un amplio espectro desde acompañamientos de danzas populares (villanos, jácaras, pasacalles, etc.) y danzas cortesanas (pavanas, alemandas, etc.) hasta diferencias y fugas.

La obra de Sylvius Leopold Weiss —lautista al servicio de la corte de Dresde y uno de los más grandes de todos los tiempos de este instrumento— se ha conservado principalmente gracias a un conjunto de manuscritos escritos en tablatura alemana, de trastes. Su catálogo —unas 450–650 composiciones para laúd agrupadas en forma de suites— influyó profundamente en el estilo de las suites para laúd, violonchelo y violín de Johann Sebastian Bach.

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Instrucción de música sobre la guitarra española , Libro I – Gran Duque de Florencia y Canarios [1674]
Este vídeo presenta dos piezas incluidas en esta colección: la primera, en estilo rasgueado, utiliza el sistema de tablatura alfabética; la segunda, en técnica de punteado, incorpora cifras.
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Manuscrito Vaudry de Saizenay – Chaconne en rondeau [1699]
Robert de Visée fue el tiorbista más destacado del Barroco francés. Publicó dos colecciones de música para guitarra (1682 y 1686) y una tercera para tiorba y laúd (1716). Parte de su producción se conserva en manuscritos.
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Pasacalle en Re mayor [ca.1720]
Considerado el último gran laudista del Barroco, S. L. Weiss compuso entre 450 y 650 piezas para laúd, agrupadas en suites. Su música se ha conservado únicamente en manuscritos, debido a su negativa a publicarla.

Gaspar Sanz – Instruccion de musica sobre la guitarra española, Libro I – Canarios [1674].

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Robert de Visée – Manuscrito Vaudry de Sauzenay – Chaconne en rondeau [1699].

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Sylvius Leopold Weiss – Pasacalle en Re mayor [ca.1720].

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Línea de tiempo de la música en el Barroco