Tras las guerras napoleónicas , el espacio alemán quedó reorganizado en 39 estados soberanos, agrupados desde 1815 en la Confederación Germánica . La dominación francesa y la reorganización napoleónica habían puesto de manifiesto la debilidad y fragmentación de los estados germánicos, pero estimularon también un creciente sentimiento nacional. El Congreso de Viena restauró un orden político conservador dominado por el Imperio Austríaco y Prusia , que frenó las aspiraciones liberales y nacionales. El primer intento efectivo de crear un Estado alemán, durante las revoluciones de 1848 , acabó igualmente en fracaso.
Ante la ausencia de una unidad política, adquirió un enorme prestigio la cultura (filosofía, música, literatura) como elemento cohesionador del nacionalismo alemán. La música se vio especialmente beneficiada por esta corriente de pensamiento, tanto por la alta valoración de la que disfrutaba entre las clases medias como porque figuras como Haydn, Mozart y Beethoven ofrecieron un poderoso motivo de orgullo cultural y fueron incorporadas progresivamente a una tradición musical alemana.
Del Romanticismo literario al musical
![Fausto y Mefistófeles [1828], escena del drama romántico alemán arquetípico de Goethe en un grabado de Carl August Schwerdgeburth.](https://hm.bustena.com/wp-content/uploads/2014/02/fausto.jpg?w=350)
Las que probablemente fueron en su día las dos capitales musicales del mundo –París y Viena– vivieron las tumultuosas décadas que siguieron a la Revolución Francesa de formas radicalmente opuestas: la inestabilidad y profundas transformaciones acaecidas en Francia borraron casi por completo la tradición clásica, convirtiendo a su capital en una fuente inagotable de modas y tendencias ya desde la década de 1820. Por el contrario, el inmovilismo social y político del Imperio austríaco permitió una decadencia suave de las estructuras socio-musicales del Clasicismo en coexistencia con algunas de las tendencias internacionales (especialmente, las provenientes de París), propiciando adaptaciones e híbridos, como la Sinfonía nº9 [1824] de Beethoven, que combina la sinfonía con la cantata, gracias a la incorporación de coro y solistas vocales en el último movimiento.
Los primeros signos de desarrollo de una nueva sensibilidad aparecieron de forma escalonada, y estuvieron marcados por el signo de la literatura, manifestación artística que había realizado ya en Alemania el tránsito al Romanticismo gracias a la obra de Goethe, Schiller o Herder. La vinculación entre Romanticismo literario y musical se produjo de forma bidireccional: si por un lado poetas como E.T.A. Hoffmann ensalzaron la música de Haydn, Mozart y Beethoven, reconociendo en ellas la expresión más pura del sentimiento romántico, los músicos recurrieron a la literatura romántica buscando en ella un nuevo tipo de inspiración.
Durante las primeras décadas del siglo XIX, la música vocal irrumpió con fuerza en los hogares burgueses a través de de la canción con acompañamiento pianístico (o lied). Este género constituyó una manifestación más del renacimiento de la poesía lírica alemana. El lied apelaba de forma especial a las clases educadas de habla alemana y se difundió a través de una amplia gama de publicaciones culturales, no solo musicales. El género se benefició de la creciente calidad técnica del piano, capaz de proporcionar desde sencillos acompañamientos hasta efectos casi orquestales. Las partes vocales, alejadas del virtuosismo operístico y aptas para cantantes aficionados, definieron un estilo en que que se combinaba lo clásico con lo popular, lo dramático y lo lírico, lo complejo y lo sencillo.
Las fuentes del Romanticismo alemán
El singspiel El cazador furtivo (1821) alcanzó un enorme éxito en Alemania. Fue considerado la primera ópera «romántica» alemana por la conexión de su argumento con el folclore alemán y por la inclusión de escenas con músicas rurales. La riqueza sinfónica de la partitura se convirtió en un referente para una nueva generación de compositores, entre ellos Berlioz y Wagner.
El lied —«canción» en alemán; en plural, lieder— se consolidó como la forma de Hausmusik (música doméstica) predilecta del Romanticismo alemán a partir de la década de 1810. Sus textos se nutrieron de la poesía romántica, desde Goethe en adelante. Schubert se erigió en referente de un género que pasó a constituir la espina dorsal del Romanticismo musical germano, desde Mendelssohn y Schumann, hasta Richard Strauss y Berg.
Este singspiel narra la historia de un cazador, Max, que pide ayuda a un demoníaco personaje, Caspar, para conseguir siete balas mágicas con las que ganar el concurso de tiro que le permitirá casarse con su amada Agathe. El descenso a los infiernos de Max se cobrará una inesperada víctima.
Además de unos seiscientos lieder, Schubert compuso dos ciclos de canciones. Este, con veinte piezas, describe el estado de un joven molinero que se enamora de la hija de su patrón.
La última sinfonía beethoveniana testimonia la adaptación de la conservadora sociedad austríaca al signo cambiante de los tiempos: su movimiento final asume la forma sinfónico-coral, convirtiendo al coro —el pueblo— en protagonista.
Nacionalismo y reacción
Las prematuras muertes de Carl Maria von Weber (en 1826, a los 39 años) y Franz Schubert (en 1828, a los 31 años) dejaron a la siguiente generación —la activa en las décadas de 1830 y 1840— la tarea de consolidar una «escuela romántica alemana», cuyos principales arquitectos fueron Felix Mendelssohn y Robert Schumann. Además, el represivo estado policial instaurado en Austria durante la era Metternich contribuyó a una pérdida de impulso innovador de la vida musical vienesa, favoreciendo el desplazamiento de parte del protagonismo cultural hacia otras ciudades germánicas, especialmente Leipzig y, algo más tarde, Weimar.
Los románticos alemanes mantuvieron inicialmente una actitud internacionalista. En torno a Mendelssohn y Schumann se valoró la obra de músicos como Berlioz, Liszt o Chopin, considerados partícipes de una renovación artística capaz de combatir el aluvión de «filisteísmo musical» —música comercial de baja calidad— que invadía Europa entera, procedente principalmente de Francia e Italia. Durante la década de 1840, sin embargo, esta apertura fue dando paso a posiciones más marcadamente nacionales y a una creciente desconfianza hacia algunas de las tendencias internacionales que anteriormente habían despertado su interés.
Felix Mendelssohn —el músico más influyente y respetado de su generación— contribuyó decisivamente a consolidar una identidad nacional de la música alemana en la que confluyeron vectores muy diversos: por un lado, la reivindicación de la tradición musical alemana, actitud que conllevó la «sacralización» de los compositores de la Escuela vienesa —Haydn, Mozart y, sobre todo, Beethoven— y la búsqueda de las raíces luteranas, principalmente en J. S. Bach.
Por otro lado, la conexión con el puritanismo protestante recelaba de la moralidad francesa y reclamaba un arte alemán capaz de regenerar a la sociedad a través de la música. En esta línea se inscriben el renacimiento bachiano, la desconfianza hacia los modelos operísticos internacionales y hacia el virtuosismo instrumental como fin en sí mismo, así como la restauración de los géneros y formas instrumentales del Clasicismo —sinfonía, música de cámara, forma de sonata, etc.—. Esta tradición se difundió también mediante la fundación de sociedades corales, formadas en gran parte por burgueses aficionados, que alcanzaron una extraordinaria expansión durante las décadas de 1820 a 1840. Estas asociaciones contribuyeron a crear redes entre ciudades y estados alemanes y convirtieron el repertorio coral, los festivales y los encuentros multitudinarios en poderosos vehículos de identidad cultural y nacional. A ellas se sumaron las sociedades y ciclos de música de cámara, decisivos para la conservación y difusión pública del repertorio de Haydn, Mozart y Beethoven.

El ideario de Mendelssohn y de su círculo se desplegó de muy diversas formas. Entre sus acciones más emblemáticas destaca la exhumación en 1829 de la Pasión según San Mateo de Bach, que llevaba décadas sin interpretarse de forma pública e íntegra, en un concierto celebrado en Berlín y dirigido por el propio Mendelssohn. Este evento dio un impulso decisivo al renacimiento bachiano, que alcanzó un nuevo hito en 1850 con la fundación de la Sociedad Bach, dedicada a la publicación integral de la obra del compositor, una labor que se completó en 1900. En una línea similar se sitúa el estreno póstumo de la Sinfonía «Grande» de Schubert en 1839, cuyo manuscrito había sido localizado por Schumann en Viena y que Mendelssohn dirigió en Leipzig, contribuyendo así a presentar a Schubert como un eslabón entre la tradición clásica y el presente romántico.
Como director de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, Mendelssohn contribuyó decisivamente a transformar la práctica orquestal de su tiempo y a consolidar algunos rasgos de la dirección moderna: reforzó la selección coherente del repertorio, concediendo un peso creciente a los grandes maestros del pasado, aumentó la disciplina y el cuidado de los ensayos y consolidó la figura del director como responsable artístico de la interpretación, utilizando habitualmente la batuta. En 1843, Mendelssohn fundó el Conservatorio de Leipzig, una institución pionera que se convirtió rápidamente en modelo para otros centros europeos. El conservatorio combinó una formación profesional rigurosa con el estudio de la armonía, el contrapunto, las formas clásicas y el repertorio histórico, institucionalizando así buena parte del ideal musical defendido por Mendelssohn y su círculo.
El concierto romántico
Los compositores alemanes se mostraron, por lo general, muy críticos con la exhibición de virtuosismo característica de muchos conciertos solistas de su tiempo. Pese a ello, no abandonaron la forma de concierto y produjeron obras que siguen figurando entre las más valoradas del repertorio de sus respectivos instrumentos.
La reconciliación con el virtuosismo se produjo mediante el cultivo de la forma clásica de concierto —sonata, rondó, etc.—, convenientemente actualizada al nuevo gusto, y mediante la atribución a la orquesta de un perfil más sinfónico, que la situó en un plano de mayor igualdad con el solista, y no como mero acompañamiento.
Este concierto para violín fue compuesto para el violinista Ferdinand David, quien asesoró al compositor en las cuestiones técnicas. El concierto se convirtió pronto en un modelo de concierto romántico y en una de las obras más populares de su autor.
LEER MÁS →Esta obra es una de las aportaciones más innovadoras e influyentes de la música de concierto de su época. Tanto en su primera versión (el primer movimiento) como en la definitiva, Schumann ensaya la forma cíclica en una obra concertante, adelantándose a Liszt.
Este concierto —compuesto para su amigo Joseph Joachim— constituye una piedra angular del repertorio violinístico romántico. Su talante eminentemente sinfónico —que explica la enorme extensión del primer movimiento— hizo que numerosos virtuosos, como Sarasate o Wieniawski, se declararan disconformes con él y rehusaran tocarlo.
La música pura y el nacimiento de la música clásica

Las consecuencias del programa reformista mendelssohniano han sido mucho más transformadoras y duraderas de lo que habitualmente se reconoce. A corto plazo, la creciente batalla dialéctica entre «clasicistas» y «modernistas» dio una nueva importancia al concepto de música pura o absoluta —música concebida para disfrutarse en sí misma, en contraposición a la música aplicada, asociada bien a un texto, bien a una función distinta a la estrictamente musical, como ocurre con la ópera, la música de baile, etc.—. En manos de los sectores clasicistas, esta concepción proporcionó además un poderoso instrumento de legitimación estética, al permitir presentar como intrínsecamente superiores determinados géneros instrumentales asociados a la tradición clásica y cuestionar aquellas músicas cuyo atractivo dependía del texto, el programa, el virtuosismo o el espectáculo. Este planteamiento encontró una de sus formulaciones más influyentes en el formalismo, especialmente a partir de 1854, con la publicación del ensayo De lo bello en música por el crítico musical conservador Eduard Hanslick.
El formalismo considera que el valor estético específicamente musical reside en la propia música —en su concepción, su estructura y su realización— y no depende de elementos externos como la poesía, el drama, el virtuosismo o el espectáculo. Los géneros clásicos —y, en especial, los consagrados por Beethoven, como la sinfonía, la música de cámara y la sonata— se situaron así en la cúspide de este sistema de valores. La canonización del repertorio histórico coincidió, sin embargo, con una disminución en la producción de algunos de estos géneros, especialmente la sinfonía, mientras el interés del público se desplazaba hacia otros formatos. El formalismo contribuyó así a consolidar el prestigio de los géneros instrumentales, en oposición o convivencia con otros paradigmas estéticos, como la música programática o el nacionalismo (como veremos en la unidad 19 y la unidad 20, respectivamente).
A más largo plazo, el programa mendelssohniano desempeñó un papel decisivo en la cristalización de la música clásica entendida como un canon de obras —o panteón de compositores— cuyo valor estético se considera duradero y que toda persona culta debería conocer. Este proceso permitió conservar y difundir repertorios del pasado, pero implicó también una poderosa operación de selección, jerarquización y exclusión. El canon ha sufrido importantes transformaciones a lo largo del tiempo y de la geografía: el propio Mendelssohn, figura central en su construcción, vio cómo su prestigio descendía desde finales del siglo XIX y cómo su música llegaba a ser excluida de los escenarios alemanes durante el nazismo. Actualmente, el canon clásico es mucho más abierto que nunca. Sin embargo, muchos de los malentendidos generados por esta visión idealista de la historia siguen vigentes en nuestros días, tal como adelantamos en la Introducción a este curso.
La canonización de la música de cámara
La música de cámara constituyó quizá el ámbito más característico de los compositores «clasicistas». Aunque también cultivaron el lied, la sinfonía o la música para piano, fue la música de cámara la que encarnó de forma más clara la idea de «música pura». Con fuerte arraigo entre las clases medias germánicas, este repertorio perdió peso frente a otras prácticas domésticas —como el lied o la música para piano solo—, pero se transformó en un signo de distinción y cultura musical.
Sus aficionados legitimaron la superioridad artística de la música de cámara mediante la adopción de un canon musical conservador, centrado en la obra de Haydn, Mozart y Beethoven.
Franz Schubert desarrolló su intensa y breve carrera musical en la Viena de las postrimerías del Clasicismo. Reconocido autor de lieder y superdotado melodista, los románticos encontraron en él el eslabón necesario entre el rigor formal del Clasicismo y la sensibilidad del Romanticismo.
LEER MÁS →La hermana mayor de Felix Mendelssohn exhibió desde joven un talento musical similar al de su hermano. Su producción musical se centró en escribir música para las veladas musicales que organizó en Berlín junto a su marido, el pintor Wilhelm Hensel.
LEER MÁS →El movimiento lento de esta obra exhibe una original concepción que alterna dos temas contrastantes —uno misterioso y obsesivo y otro lírico—, intercalando además arrebatadas secciones de desarrollo.
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hola! me gustaría saber la bilbiografía que has utilizado para redactarlo. Me ha servido muchísimo, muchas gracias!!
Hola Celia. Las unidades son de carácter muy general y no se basan en una bibliografía especializada, al contrario que algunas entradas/artículos del blog. Todo lo que aquí se dice lo puedes encontrar de una manera u otra en cualquier Historia de la música del Romanticismo, como la de Renato de Benedetto (Turner), Plantinga (Akal), Walter Frisch (Akal) incluso Grout & Palisca (Alianza Editorial). Suerte en tu investigación.
¡Hola Rafael!
¿Cómo puedo acceder a los ejercicios de la unidad? Pide una contraseña.
Saludos!!
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Las tres obras que más me han gustado esta unidad han sido:
-La sinfonía 9 de Beethoven. Última de las sinfonías del compositor, en la que añadió de forma inédita en su último momento la incorporación de un coro, rompiendo con la forma clásica. En este movimiento la música sigue a la letra (escrita por Friedrich Schiller), y solo así podemos entender los contrastantes momentos musicales presentados en este cuarto movimiento, muy difíciles de explicar únicamente desde la lógica musical. Es precisamente la forma en que la música sigue al texto lo que más bonito me parece de toda la obra.
-Concierto para violín en Mi menor de Mendelssohn. Destaca por ser un concierto que restaura las formas clásicas, en el que el virtuosismo es digno de mención, pero no es mostrado de forma gratuita, sino que tiene una justificación musical y contrasta con la forma en que compositores como Paganini compusieron sus obras más virtuosísticas. Básicamente este concierto representa un estilo más romántico y dramático pero con una técinica clasicista, que es lo que personalmente a la hora de interpretar la obra, creo que hace que la favorezca a un concierto puramente clásico.
-Sonata para violonchelo y piano nº1 de Brahms. Con un ritmo lento y carácter reservado te da la sensación que te transporta a otro lugar y te lleva a reflexionar. La expresividad del cello es verdaderamente impresionante en esta obra, que está llena de sentimiento.
Para mi gusto, las tres obras cumbre de este tema serían los conciertos de violín tanto de Mendelssohn como de Brahms. El primero porque a pesar de introducir una grandrísima densidad musical romántica, requiere de una pureza y claridad técnica digna de toda la época clasicista pero manteniendo ese curioso dramatismo y oscurantismo romántico. El segundo se trata de uno se los conciertos cumbre del repertorio violinístico, no solo por la dificultad y musicalidad del concierto que a pesar de estar en «Re mayor», posee una extensa y oscura introducción en su modo menor, así como la entrada del violín solista hasta que se resuelve plácidamente en el tema principal del concierto por el solista en la tonalidad mayor.
Por otro lado, la tercera obra a destacar sería la 9°Sinfonía de Beethoven. No es solo una cuestión de romper las reglas establecidas e introducir un gran final que incorpora una entrada coral, sino la pureza y temperamento característica de la música de Beethoven. Es increíble cómo es capaz de generar tensión en el espectador hasta el último momento, en el que la sinfonía estalla en el famoso «Himno de la Alegría»
La bella molinera, en la que Schubert se sirvió de los poemas de Wilhelm Müller (vienen del inglés, alemán y francés), en la que creará un ciclo de lieder, que comenzaron a tener éxito comercial. Es precioso como la música se integra con el texto y ambas van de la mano mostrando la desolación, los amores frustrados, recuerdos de tiempos felices y la muerte, mostrados con una música llena de emoción.
Concierto para violín en Mi menor de Mendelssohn me gustaría destacar el precioso ambiente creado por la orquesta y los lloros del violín destacando al solista. No hay forma clásica. En el segundo movimiento el tema expuesto por las maderas a la que responderá el solista con melancolía y para finalizar observamos cómo cierra el violín con virtuosismo.
En la Sonata para violonchelo y piano en Mi menor, op 38, nº1 de Schubert, tiene un ambiente melancólico (podríamos decir un ambiente fúnebre) con una expresividad del violonchelo y una intensificación por parte del piano. Brahms nos muestra su dolor en esta obra tras el fallecimiento de su madre.
En esta unidad 17, los videos que personalmente me han gustado más son:
-La sinfonía 9 de Beethoven por los contrastes que tiene en su contenido, la fuerza del primer movimiento, la novedad de Beethoven en colocar el Scherzo en segundo lugar, y el maravilloso último movimiento Presto con la coral que hace que tenga un gran sentimiento y expresión, y que sea seguramente una de las obras referencia de todos los tiempos, y mundialmente conocida, que personalmente me parece de una gran belleza y un final apoteósico.
-Concierto para piano en la menor de Schumann, una de las obras más innovadoras de la época que abre con una gran introducción del piano con acordes, para dejar paso a una melodía más cantabile a continuación.
Me parece una obra llena de pasajes mágicos, los tutti, y el incio del segundo movimiento a destacar con mucha delicadeza, y por último los pasajes de conversación entre la orquesta y el piano son simplemente increíbles.
-Sonata para violonchelo y piano nº1, una de las obras que personalmente más me han gustado, por la gran fuerza del violonchelo o del lirismo del piano que hacen que sea una obra muy expresiva y valorada.Por último destacar el intercambio de voces entre el piano y el chelo, haciendo de la obra un poema muy expresivo.
Me gustaría destacar los siguientes videos:
– El cazador furtido (Carl Maria von Weber): Me ha gustado la escena en al que Max, vende a su compañero cazador al diablo. La escenografía está muy elaborada, el fondo del escenario, ambientado con cadáveres colgando, solventa muy bien la escena. Y no dejar a parte la música, ya que es de gran ayuda en la escena.
– Sonata para piano en la menor (Robert Schumann): La obra en si, es una innovación en la época, debido a la incorporación de elementos románticos, sin deja r aun lado, la estructura del s.XVIII.
– De la música de cámara, me gustaría destacar: Trío con piano nº2 en Mi bemol Mayor (Franz Schubert): La melodía del violonchelo, es muy bonita contrastada con el acompañamiento del piano, esta obra, de Schubert, representa, entre otras muchas obras, la melodía acompañada.
De entre los vídeos de esta unidad, me gustaría destacar los siguientes.
Para empezar, «El cazador furtivo» de Carl Maria von Weber. Me ha gustado mucho la escenografía de esta versión, especialmente impactante en el momento en que Max se encuentra con el diablo, y también la música resulta estremecedora en esa escena, cuando se repite el tema presentado en la Obertura.
Del «Concierto para violín en Mi menor» de Felix Mendelssohn, me ha gustado sobre todo el lirismo del solista en el segundo movimiento, y cómo tanto el solista tanto la orquesta van creciendo en dramatismo e intensidad.
Y entre los ejemplos de música de cámara, mi favorita es la «Sonata para violonchelo y piano nº 1» de Johannes Brahms. La melodía del violonchelo, que se mueve continuamente entre registros graves y más agudos, resulta realmente mágica, llena de un sentimiento en parte contenido y una expresión totalmente pura.
En el Romanticismo en Alemania hay que destacar la Sinfonía nº9, la última que compuso, sobre todo por lo sorprendente que fue la inclusión del coro y de la percusión para darle una mayor expresividad e intensidad. Los coros, además del aspecto musical, también daban valor a la palabra poética, que ya había estado presente anteriormente en el lied.
Por otra parte, me ha gustado bastante el Concierto para violín en Mi menor op. 64 de Felix Mendelssohn, en el cual hace uso de formas clásicas, como la forma sonata, pero introduciendo características románticas.
Finalmente, pasando a la música de cámara, tanto el Andante con moto del Trío con piano nº2 en Mi bemol mayor op. 100 de Franz Schubert, como el primer movimiento de la Sonata para violonchelo y piano nº1 en Re menor de Brahms, me parecen obras muy agradables e interesantes. Aunque son diferentes entre sí, ambas coinciden en que son obras de cámara en las que, tanto el piano, como el chelo y el violín se van intercambiando los roles a lo largo del movimiento, creando un juego de voces bastante atractivo.
El ideal Romántico impregna la música de Schubert, cuya obra es considerada la introductora del Romanticismo musical.
A modo personal, destacar “ La Bella Molinera”( 1823), Lieder o canción lírica acompañada generalmente de piano. El protagonismo se reparte por igual entre la voz y el piano, de modo que no tienen sentido el uno sin el acompañamiento del otro.
Por otra parte, destacaría la “ Sinfonía n.º 9” de Beethoven,(1824) quizá la más famosa de todas y la única que incluye una parte coral. Fue la última sinfonía completa del compositor. Posee gran expresividad emocional y transmite un mensaje personal y subjetivo. Introduce y desarrolla transformaciones rítmicas a lo largo de la estructura que rompen con el clasicismo. En toda la composición dominan los contrastes y el dramatismo del primer movimiento. Como novedad destacar la introducción de la percusión y la inclusión de coro y cantantes solistas en el cuarto movimiento.
En cuanto al cultivo del concierto, personalmente destacaría a Schumann, en su “ concierto para piano y orquesta en La menor”(1846). La partitura tiene algo entre el concierto, la sinfonía y la gran sonata.
Se trata de una especie de poema musical, en el que el piano concurre acompañado de una orquesta transparente. La melodía brota con mucha espontaneidad y no se aprecia ningún salto de estilo en el desarrollo de la obra.
Una vez más, la falta de formación en Historia me dificulta comprender el marco geopolítico que se expone en esta entrada. Reconozco el esfuerzo por sintetizarlo lo máximo posible, pero me deja con algunas dudas:
– ¿Cómo se manifiesta el deseo de reunificación de la ciudadanía alemana?
– ¿Cuál es la relación exacta entre la inoperancia política con la música como elemento cohesionador del nacionalismo alemán? Es decir, ¿de quién o de qué organismo parte la idea de emplear la música como elemento cohesionador? Entiendo que los compositores como Mendelssohn y las acciones que llevaron a cabo debieron ser motivadas por algún movimiento político… (Mi intención es hallar una relación parecida a la de Carlomagno y el canto gregoriano para unificar el imperio Carolingio)
Por otro lado, me ha sorprendido que uno de los principales elementos musicales que los románticos de la rama clásica emplearon como marcador identitario de la «música alemana» fuese la forma. Generalmente, yo suelo pensar que elementos como los timbres o la armonía son más relevantes a la hora de dotar de identidad a la música (probablemente esté pensando más en géneros musicales que en nacionalidades musicales)
Por último, ha sido enriquecedor saber de dónde surge y qué es el «canon clásico» Mendelssohniano que desde tan pequeños se nos viene enseñando en los colegios.
El deseo de reunificación se expresó en la prensa, en la política, en la cultura, etc. El problema fue que mientras los estados más occidentales querían unir Alemania en un sistema parlamentario, Prusia quería unificarla bajo su monarquía y Austria estaba recelosa de que pudiera surgir un estado alemán fuerte como vecino. Puedes leer más en https://es.wikipedia.org/wiki/Unificaci%C3%B3n_alemana
El movimiento cultural nacionalista es un movimiento social impulsado por las clases urbanas. Igual que en Cataluña han surgido iniciativas tan locas como el https://es.wikipedia.org/wiki/Institut_Nova_Hist%C3%B2ria, que proclaman la superioridad de la cultura catalana a lo largo de la historia a cualquier precio, el nacionalismo alemán buscó en su cultura y su tradición las glorias que no encontró en un estado propio. Mendelssohn simplemente supo conectar la música con estas aspiraciones, de modo que la sociedad conservadora y luterana predominante en Alemania se sintiera orgullosa de su tradición musical y siguiera arropándola.
Tu observación sobre la forma, la armonía y los timbres es muy interesante: ten en cuenta que el objetivo del nacionalismo musical del siglo XIX no fue tanto aupar la música folclórica sino hacer valer los rasgos idiosincráticos de la nación a través de los grandes circuitos musicales de la época (la ópera y la sala de conciertos), por tanto el timbre (la orquesta) está ya decidida de antemano, y por otro lado, la mentalidad de la época no estaba preparada para una armonía demasiado novedosa. Serán los rusos (y, en lo armónico, Wagner) quienes innovarán en lo armónico y en lo tímbrico, en un afán de desmarcarse de la tradición occidental. Lo veremos unas unidades más adelante.
La música de esta época refleja muy bien los cambios sociales, su contenido está lleno de todo lo que pasa alrededor, pero también se nota en la forma cuando por ejemplo Beethoven incluye un coro para convertir al pueblo en protagonista de su última sinfonía.
Una unidad muy completa, es interesante ver los cambios que sufre la sociedad, y como la música cada vez va tomando más importancia, los enlaces muy variados y justos para apreciar el cambio entre el Clasicismo y Romanticismo.
Estupendos enlaces y muchísimo material para entender esa transición desde el Clasicismo al Romanticismo. Sinceramente en las últimas unidades la cantidad de material es tanta que no me da tiempo a verlo todo…